Empresas chinas de IA acceden a chips Nvidia avanzados vía nube en Sudeste Asiático
Compañías chinas de inteligencia artificial logran acceder remotamente al poder de procesamiento de los chips más avanzados de Nvidia mediante centros de datos en Tailandia, Malasia y Singapur, explotando un vacío legal en el régimen de restricciones de exportación estadounidense que regula la propiedad física de semiconductores pero no su uso remoto.
Las restricciones de exportación de chips avanzados de inteligencia artificial que Estados Unidos impuso a China tienen un punto ciego: regulan quién puede ser dueño de los semiconductores, pero no quién puede usar su poder de cómputo de forma remota. Ese vacío legal ha permitido a compañías chinas como Moonshot AI, ByteDance, Alibaba y Tencent acceder a la capacidad de procesamiento de los GB300 de Nvidia —los chips más poderosos del mercado— mediante proveedores de nube con instalaciones en Tailandia, Malasia y Singapur, según documentó CNBC.
El esquema funcionó así: en lugar de comprar y poseer los semiconductores prohibidos, las empresas chinas alquilan tiempo de cómputo en centros de datos extranjeros equipados con ese hardware. En julio de 2026, el funcionario de la Casa Blanca Michael Kratsios acusó públicamente a Moonshot AI de entrenar su modelo Kimi K3 usando chips GB300 a través de una instalación en Tailandia. ByteDance, por su parte, habría trabajado con Aolani, un proveedor con sede en Singapur que opera infraestructura en Malasia, según reportó The Wall Street Journal en marzo. Aolani confirmó a CNBC que sus clientes "no tienen propiedad, reclamo futuro ni acceso físico a los chips que alimentan nuestras soluciones", y que su operación cumple todas las regulaciones aplicables.
El auge de centros de datos en el Sudeste Asiático alimenta este fenómeno. La consultora JLL estima que la capacidad global de procesamiento en estos centros podría duplicarse hasta 200 gigavatios para 2030. En Malasia, Indonesia y Tailandia hay 31 instalaciones de más de 100 megavatios en fase de planificación, frente a apenas dos operativas hoy, según datos recopilados por DC Byte. Expertos del sector consideran que este acceso remoto a cómputo de punta ha sido un factor clave en el salto de rendimiento de modelos chinos recientes como DeepSeek y los sistemas de Alibaba.
Washington intenta cerrar la brecha. La Remote Access Security Act (RASA), aprobada en enero de 2026 por la Cámara de Representantes pero aún pendiente en el Senado, busca extender los controles de exportación al acceso remoto basado en la nube. Sin embargo, aprobar la ley sería solo el primer paso: la Oficina de Industria y Seguridad del Departamento de Comercio tendría que elaborar regulaciones específicas que definan qué tipo de cómputo queda cubierto, quién debe ser excluido y cómo verificar la identidad de los clientes finales.
Cassia King, investigadora del Institute for AI Policy and Strategy, señaló a CNBC que la oficina podría redactar una norma regulatoria "en cuestión de días" con respaldo de la Casa Blanca, pero advirtió que "el desafío será hacer una regla que sea efectiva y ejecutable". Michelle Nie, del Center for a New American Security, fue más directa: el vacío legal "amenaza la seguridad nacional de Estados Unidos", porque "el objetivo de los controles de exportación de chips es negarle a China la capacidad de entrenar IA de frontera usando chips estadounidenses avanzados". La iniciativa también enfrenta resistencia potencial de la industria de la nube, que tendría que asumir la carga de verificar la identidad y procedencia de sus clientes.
Estados Unidos prohibió vender a China los chips más potentes de inteligencia artificial fabricados por Nvidia. Pero la prohibición solo cubre la venta física de esos semiconductores, no el uso de su poder de procesamiento de forma remota. Empresas chinas aprovechan ese hueco alquilando tiempo de cómputo en centros de datos ubicados en países del Sudeste Asiático —como Tailandia o Malasia— que sí tienen esos chips. Así entrenan modelos de IA avanzados sin violar técnicamente la ley, aunque el resultado es el mismo que Washington quiso evitar.
- Si regular la propiedad de un chip ya es difícil, regular quién usa su poder de cómputo desde la nube es un problema de verificación de identidad a escala industrial: ¿cómo sabe un proveedor de nube en Singapur que su cliente corporativo no es fachada de una empresa china?
- El Sudeste Asiático está construyendo 31 centros de datos masivos en los próximos años; si Estados Unidos no resuelve pronto el vacío legal, esa infraestructura podría convertirse en la puerta trasera permanente para que China acceda a cómputo prohibido.
- La ventana entre aprobar una ley y escribir su reglamento ejecutable es donde las políticas tecnológicas mueren: RASA lleva ocho meses en el Senado, y aunque pasara mañana, faltaría definir qué es 'acceso remoto cubierto' y quién debe verificarlo.
- Moonshot AI entrenó su modelo Kimi K3 en julio y una semana después la Casa Blanca lo acusó públicamente de usar chips prohibidos vía Tailandia; el hecho de que Washington lo supiera tan rápido sugiere que hay monitoreo activo, pero sin marco legal para actuar.
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